Parece que los pensadores y analistas más acreditados de la actualidad coinciden en el hecho de que nuestras vidas están dirigidas cada vez más por decisiones de índole económico y no humanísticas o éticas.
Cito dos artículos recientes, el primero, de Joseph E. Stiglitz, publicado en el diario El País el domingo 19 de noviembre y el segundo, del filósofo Jürgen Habermas, publicado hoy domingo 26 de noviembre en La Vanguardia. Me llama la atención que éste último se encuadra en el apartado de "cultura" del diario catalán, en forma de entrevista, supongo que por coincidencia con la publicación de su último libro. ¡Hasta los filósofos tienen que hacer promoción de sus trabajos!
El asunto es que según el señor Habermas, elementos clave del bien público han caído en manos del mercado, privatizándose sectores tan importantes como el de la energía, sanidad y educación. En España por ejemplo, el sector energético va a pasar a manos de una empresa de capital alemán (E.ON), con lo que nuestro gobierno dejará de controlar el rumbo del uso de tan preciado e imprescindible bien. El poder político ha perdido totalmente el rumbo, bajándose los pantalones repetidamente ante las empresas más poderosas (La Caixa, E.ON, ACS, Telefónica, ... ¿sigo?), que son las verdaderas manipuladoras de la marcha de la "modernidad" de nuestro país, donde el panorama político cada vez me recuerda más a “Luces de Bohemia”. Y sin que sirva de consuelo, no es muy diferente a la situación de otros países.
¿Cómo es posible que una entidad bancaria consiga el doble de beneficios que el mismo periodo del año pasad0? La respuesta es bastante clara, a costa de nosotros mismos, que tenemos que depender de la banca privada para disponer de vivienda, una educación de nivel aceptable y una atención sanitaria pronta y de calidad. Servicios que debería proporcionarnos nuestro gobierno, como compensación equitativa al pago de impuestos y demás obligaciones fiscales. El otro día hablaba de este tema con unos amigos noruegos, para quienes todo lo anteriormente citado, y pese al alto pago de impuestos en su país, es gratuito.
Habermas defiende que "El poder estatal debe seguir siendo ideológicamente neutral y debe legitimarse mediante consideraciones seculares regidas por la razón". La política ha sucumbido al poder del mercado, cuando históricamente habían tratado de mantener un equilibrio desigual. En el artículo del señor Stiglitz (Premio Nobel de Economía en el año 2001) referente a cómo combatir las causas del cambio climático, propone unos dictámenes por parte de las autoridades gubernamentales que sancionen a los países que no participen en el proceso de ralentización del calentamiento global y sus nefastas consecuencias. Pero resulta ahora, que esto no interesa a las grandes empresas petroleras, ya que por ejemplo, les resulta más barato extraer el petróleo existente bajo el océano Ártico, que se va derritiendo a velocidad vertiginosa. EE.UU. hace tiempo que no respeta el derecho internacional ni los dictámenes de la ONU, mirando exclusivamente por sus intereses nacionales, económicos e imperialistas.
Si el estado no se preocupa de defender al ciudadano de a pié para que pueda disfrutar de una vida en paz, desarrollar su vida en sociedad y cuya libertad implique el respeto de la libertad de los otros individuos (de otro país, raza, religión, etc.), ¿esperaremos a que Repsol, Coca-Cola, Ford, Microsoft, Sony, Malboro, etc. lo hagan?
Al final, todo se reduce a un problema de conciencia y educación (que también deriva a manos privadas). Si no nos movemos por convicciones éticas, ¿qué sentido tiene la existencia? Pensemos por un momento cuál es nuestro ideal de progreso... y si de la manera en que vivimos estamos contribuyendo a que eso suceda.